Simulacron-3 (1964), de Daniel F. Galouye
A mediados del siglo XXI, el doctor Hannon Fuller desarrolla un sistema virtual en la forma de una ciudad con el objetivo de realizar encuestas de opinión pública y estudios de mercado; de este modo Fuller busca estudiar el comportamiento humano bajo condiciones determinadas y controladas. Esta ciudad está integrada por pobladores dotados de una consciencia propia, excepto un individuo.

En la novela seguimos al programador Douglas Hall, integrante del grupo encargado de monitorear el sistema y amigo personal de Fuller -quien además se toma un tiempo para cortejar a su hija Jinx. Esta aparente normalidad se desestabiliza cuando Fuller desaparece, y al tiempo otros individuos también dejan de existir; curiosamente, en algunos casos de desapariciones las otras personas de esa ciudad no recuerdan la existencia de aquellos, pero Hall sí lo hace por lo que empieza a sospechar que algo raro está sucediendo en el lugar.
Galouye construye un entorno verosímil, sin demasiados avances pero con la presencia de tecnología bastante cercana a la nuestra en algunos casos. La ciudad simulada misma y los cascos virtuales de experiencia aumentada se acercan un poco a nuestra actualidad, pero aun así siguen siendo más avanzados. Otros elementos tecnológicos no aplican a nuestra sociedad todavía, como la presencia de autos voladores y veredas móviles. También es interesante la concepción de unidades de almacenamiento virtual de enormes tamaños que acumulan informaciones múltiples como perfiles de las personas y las variables socioeconómicas, algo similar a las redes de recopilación de datos actuales.
La novela tiene un tono dickiano interesante: Hall es un hombre desconfiado, que después de ver activada su sospecha por primera vez, no puede evitar sentirse ajeno o extraño a su entorno. La relativamente corta extensión de la obra le permite al autor agilizar la trama constantemente, sin necesidad de servirse de recursos manidos como el twist constante. De hecho, hacia la mitad de la novela ya nos ofrece la hipótesis que sospechamos, es decir, que el mundo que habita Hall también podría ser una simulación en gran escala.
En la búsqueda de desentrañar la verdad, Hall trata desesperadamente de encontrar a la Unidad de Contacto, aquella persona que supuestamente funcione como enlace entre su mundo "simulado" y el mundo del afuera. Esa búsqueda lo lleva a desconfiar hasta de sus contactos más cercanos, sin hallar a su objetivo.
Finalmente la duda se resuelve de manera predecible, pero no deja de tener un desarrollo satisfactorio. En estos últimos años esta hipótesis de un mundo simulado ha cobrado mayor fuerza entre las personas adictas a las conspiraciones. La novela captura la esencia de esas ideas conspiranoicas mucho antes de que surgieran, por lo que Galouye es capaz de predecir un comportamiento social que derivará de la hiperconectividad y del avance de los entornos virtuales, casi inexistentes en su época. Ahí radica la fuerza de esta novela, en su carácter predictivo, pero también en abrir la puerta a posibilidades no necesariamente negativas. Muy buena novela, muy diferente a lo que producía el género en los años 60'.
